• Grisselle Soto Vélez

¿Es el gusto solo una metáfora?

Updated: Nov 8, 2018


Con frecuencia en el mundo del arte se habla de tener buen gusto o por el contrario, mal gusto hacia las obras de arte. Sin embargo, el gusto como todos sabemos se refiere al sentido gustativo, a saborear con la lengua algo y describirlo como dulce, salado, desabrido o amargo. Entonces, ¿cómo llegamos a usar esa palabra como una metáfora en diálogo de las artes visuales? ¿Será una metáfora o habrá un vínculo entre la sensitividad del gustar físicamente algo y las preferencias estéticas de una persona hacia una obra de arte?


¿Curioso? Así me sentí yo cuando leí la investigación de DeWall y otros (2011) en relación a este tema. Y es que aunque en kínder nos enseñan cuáles son sentidos y luego, quizás en la universidad, algunos siguen estudios en este campo, la mayoría de nosotros no recibimos educación de los sentidos, a pesar de que son el primer peaje hacia el aprendizaje. Por lo tanto, nos será difícil hacernos estas preguntas pero también su respuesta, podría ayudarnos a plantear estrategias a la hora de enseñar sobre arte a nuestros estudiantes. Después de todo, es congruente con el hecho de que la experiencia como aprendizaje es multisensorial.


Comencemos por definir gusto. El gusto se usa para describir las diferencias individuales que hay entre las personas. Así, se divide el grupo que se expone al arte entre expertos y novatos. Los expertos tienden a preferir obras complejas, abstractas, asimétricas y estéticas (Locher, Smith y Smith, 2001. Mientras los novatos tienden a preferir obras que le resulten familiares, simples, representacionales y fáciles de procesar (Reber, Schwartz y Winkielman, 2004). Un factor que interviene en el nivel de gusto puede ser la clase social (Holbrook, Weiss, & Habich, 2004; Kraaykamp, 2002), como también puede haber un factor biológico  Skov & Vartanian, 2009).



DeWall y otros (2011) seleccionaron a personas para identificar si existe alguna relación entre las personas que tienen buen sentido gustativo y el gusto o preferencia visual y los llamaron “supertaster”, “tasters” y “non-tasters”. Debe quedar claro que el punto de partida aquí es el sentido del gusto y no el de la vista. La hipótesis propone que los “supertaster” como los “non-tasters” deberán tener reacciones extremas positivas o negativas frente a obras de arte como lo tienen con los sabores, lo cual en ambos casos se alejan del estándar. Aunque pienses que esto es una locura, de eso se trata, de hacerse preguntas raras y tratar de contestarlas.


Los investigadores esperaban que:

  1. las personas con sensibilidad física al gusto (non-taster como supertaster) indicaran una densidad extremadamente baja o alta al ver obras de arte.

  2. la sensibilidad del gusto físico influyera en las evaluaciones de las ilustraciones perturbadoras más que las ilustraciones positivas y neutrales.

  3. el efecto de la sensibilidad del gusto físico sobre las preferencias estéticas tendrían el mayor impacto entre las personas con relativamente poca experiencia en arte, presumiblemente porque las personas con poca experiencia tienen poco conocimiento formal en el que basar sus juicios.

¿Cuáles fueron sus hallazgos?

El resultado es de carácter emocional. Colocarse entre el grupo experto o no experto de gusto físico predice que la sensibilidad física extrema del gusto se relacionará con las respuestas extremas al arte visual. La sensibilidad hizo evaluaciones relativamente extremas en comparación con los participantes con sensibilidad media (estándar) al gusto. Los efectos de la sensibilidad del gusto físico en las evaluaciones de obras de arte fueron más pronunciadas para obras de arte inquietante y provocativa.


Los participantes de sensibilidad extrema al sabor también expresaron respuestas específicamente relacionadas con evitar imágenes perturbadoras (altos niveles de disgusto) en lugar de expresar negatividad general hacia las imágenes inquietantes o una emoción negativa como ira.


La sensibilidad al gusto físico y el juicio estético se encontraron solo entre los participantes que tenían relativamente poca experiencia artística. Estos hallazgos sugieren que cuando se pidió hacer juicios estéticos, personas que tienen relativamente poca experiencia artística dependen principalmente de sus respuestas tácitas e intuitivas, que se ven afectadas por factores como la predisposición genética a la sensibilidad al gusto. Personas que tienen niveles relativamente altos de experiencia artística, por el contrario, tienen un conocimiento expandido y base experiencial desde la cual trazar juicios estéticos.


Los autores proporcionan una nueva perspectiva de por qué las personas describen con frecuencia sensibilidad al arte en términos utilizados para explicar la sensibilidad del gusto físico. Es común, en el lenguaje hablado encontrar metáforas para tratar de explicar mejor lo que se siente por que las emociones son muy fuertes y a menudo implican conceptos complejos. El uso de la metáfora ayuda a explicar la afectividad general de las experiencias en el mundo circundante.

Imagen de la exposición de Baselitz en Londres. White Cube (Ben Westoby)


Los hallazgos también sugieren que el gusto por las obras de arte está arraigado, al menos en parte, en las diferencias biológicas en la sensibilidad del gusto físico, pero que estas diferencias biológicas tienen su efecto principalmente entre aquellos con baja experiencia artística. Los resultados también sugieren que la sensibilidad del sabor en uno de los dos extremos, experto o no experto, junto con la baja experiencia artística, se relaciona con juicios extremos hacia arte perturbador y provocador.


¿Cómo podemos integrar esta información a la práctica educativa?


Todo está relacionado al tipo de obra de arte que elegimos para ofrecer nuestras clases. Esa es la clave. Por supuesto, de esta investigación se me ocurren varias alternativas.


Por un lado, está el tema de que personas con cierto nivel de gusto y sensitividad física pueden tener reacciones extremas tanto al sabor como al arte. Valdría la pena explorar una enseñanza en la que esté incluido el sentido del gusto junto a la exposición a una obra de arte. Pero no se trata de dar a probar frutas u otro alimento, sino de de crear una secuencia de actividades que ayuden al estudiante a reflexionar alrededor de lo que siente cuando está frente a la obra de arte y hacerse preguntas que ayuden a investigar sus respuestas.


Tanto la sensitividad visual como la gustativa se pueden desarrollar.


Por otro lado, está el hecho de las metáforas. Con toda probabilidad, explicar lo que se siente requerirá acudir a expresiones que no son literales sino metafóricas ya que son las mejores para poder expresar una comprensión del mundo tanto externo como interno. Lo que significa que el currículo debe proveer espacio para estas expresiones.


Por lo tanto, tenemos trabajo en cuanto a cómo incluímos la enseñaza de las emociones, cómo incluímos otros sentidos durante la enseñanza y cómo incluímos la utilización de metáforas para que los niños puedan elaborar su pensamiento y desarrollen una mejor comprensión de sí mismos y del arte.


¡¡Hay trabajo para el mundo del currículo de la educación del arte!!


©Todos los derechos reservados.

Grisselle Soto Vélez es Directora del Departamento de Educación del Arte y profesora de Educación del Arte en la Escuela de Artes Plásticas y Diseño, artista y consultora educativa. Fue directora del Programa de Bellas Artes del Departamento de Educación en Puerto Rico haciendo una gran obra de desarrollo profesional y curricular. Ha sido directora de proyectos y consultora educativa integrando las artes a distintos ámbitos académicos y comunitarios. Graduada de la Universidad Nacional Autónoma de México. Puedes visitar y compartir su blog en Neuroestetika.com.



Referencias


DEWALL, N., Silvia, P., Schurtz, D., McKenzie, J., (2011). TASTE SENSITIVITY AND AESTHETIC PREFERENCES: IS TASTE ONLY A METAPHOR?, EMPIRICAL STUDIES OF THE ARTS, Vol. 29(2) 171-189, doi: 10.2190/EM.29.2.c

Locher, P. J., Smith, J. K., & Smith, L. F. (2001). The influence of presentation format

and viewer training in the visual arts on the perception of pictorial and aesthetic

qualities of paintings. Perception, 30, 449-465.

Reber, R., Schwartz, N., & Winkielman, P. (2004). Processing fluency and aesthetic

pleasure: Is beauty in the perceiver’s processing experience?, Personality and Social

Psychology Review, 8, 364-382.

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