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  • Grisselle Soto Vélez

Mentes incompletas o...


Imaginemos las escenas. El artista apasionado y caótico en su taller. El científico frío, en laboratorio estéril y ordenado. ¿Lo imaginaste? Pues sabrás que en ambos casos hay quienes dirán lo contrario. Y es que por más que querramos estereotiparlos, en ambos casos, artistas y científicos no son como esas caricaturas y comparten muchas similitudes.


Tanto artistas como científicos estudian el mundo infinitamente complejo y lo expresan de alguna forma simple que pueda ser comprendido; formas, pinceladas, colores, cortes o, ecuaciones. Ambos pasan largos años de adiestramiento en talleres o laboratorios al estilo de la modernidad principalmente occidental, como aprendices acompañados por un maestro, reproduciendo sus técnicas y procesos. Hasta aquí, esto solo describe el proceso por el que pasan para ser acreditados como artistas o científicos. Sin embargo, esto es solo un proceso formativo, que puede confundirse con el proceso de pensamiento.



La modernidad separó al arte y la ciencia

Antes de la modernidad, no existía la separación entre artistas y científicos. Es más ¡¡compartían sala!! Así se observa en la pintura de Passarotti (15?) en la Galería Borghese, Roma en la que Miguel Angel imparte clase de Anatomía. La modernidad impulsó hace poco más de 200 años algo conocido como la especialización cuyo agravante es la fragmentación del conocimiento en el siglo XX y ambos campos quedaron totalmente disasociados (Roche y otros, 2018).


Sin embargo, tanto el arte como la ciencia son formas de pensamiento que buscan comprender y expresar el mundo que nos rodea y el mundo interior. Así que si pensamos en ellas como tal y no como técnicas de reproducción sobre un material o paciente, entraremos en un mundo que ha sido pasado por alto en la educación escolar y universitaria.


Son esas formas de pensamiento las que, a pesar de la fuerza de la especialización y cultura de la modernidad, han sido capaces de crear una nueva forma de arte o una nueva teoría que revoluciona por su novedosa representación o su hipótesis, las cuales despiertan grandes sentimientos. El siguiente video muestra al Dr. Robert Lue explicando la unión entre ambas.




Encuentro de procesos del pensamiento

Finalizado el siglo XX y durante este siglo XXI, se iniciado un acercamiento interesante entre el arte y la ciencia. Se han cruzado los puentes para estudiarse entre sí. Ha nacido una rama de la neurociencia llamada neuroestética. Esta rama estudia los procesos neurales que impulsan a crear y a disfrutar de la belleza. De igual manera muchos artistas se sienten cautivados no solo por las imágenes del cerebro sino de las actividades implícitas que con este conocimiento de pueden hacer en la búsqueda de la belleza. Ahora bien, cuando ambas trabajan juntos (he aquí lo que podría ser el gran cambio de paradigma: investigar, crear y disfrutar en colectivo) se establece una relación recíproca en la que la ciencia sirve de base al arte y el arte enriquece la ciencia como siempre fue antes de que la modernidad las segregara. La neuroestética se está abriendo espacio poco a poco, al punto que está desarrollando centros de investigación, diplomados, congresos y programas de estudio.


Isaac Asimov describe la ciencia como una forma de probar nuestras ideas contra el cosmos y Vera Rubo como la libertad de retar nuestras preconcepciones. Lo que hace que la ciencia hoy sea más reflexiva que reproductiva y preste más atención a cómo estamos pensando en el proceso. Las artes por su parte, son más difíciles de definir, pues representan los valores y creencias de los grupos sociales históricamente hablando. De una parte están las artes utilitarias y d otra, las artes como búsqueda y expresión de nuestro entendimiento del mundo.


Actualmente se utilizan las artes en todos los aspectos de la vida, aunque no lo sabemos a conciencia, con las artes se nos envían muchísimos mensajes acerca de lo bello para persuadirnos al consumo al despertar emociones, esas artes provienen del campo del diseño. Pero, también existe las artes que se hacen para expresar ideas, sentimientos, momentos y sensaciones personales, esas artes no son comerciales. El límite entre ambas es relativo, pero queda claro que cuando se habla a niveles industriales o de masificación por razones comerciales, ese arte es utilitario. En el otro caso hay un arte que representa el mundo interior o invisible que no necesariamente se masifica, sino que es más íntimo y expresa ideas y emociones muy personales.


Ahora, puede ser alguien tenga una experiencia con el arte, y esa experiencia, lo hace asombrarse, descubrir, curiosear, conocer, sentir, moverse, expresar, cuestionar, trascender… esa persona ha estado travesando un proceso mental que se llama experiencia estética (Greene, 2013; Leder y otros, 2014). Esa experiencia es emocional y cognitiva, lo que le hace cambiar su conocimiento de sí mismo y del mundo. En este sentido, esa persona de forma consciente, estará en posición de definir lo que considera arte y no reproducirá la definición del crítico de arte, la cual es interesada por que responde a una idea preestablecida por alguna escuela filosófica predominantemente occidental. La definición que da el espectador a la experiencia, como proviene de sí mismo, es desinteresada y su atracción o gusto por ese objeto marcará indiscutiblemente lo que considere como arte.

Gregg Dunn; Self Reflected, artista y neurocientífico.


Cambio de paradigma

Este es uno de los aspectos más importante del cambio paradigmático entre la modernidad y la posmodernidad. La definición del arte y lo estético recae el espectador y su nivel de cultura es determinante, por lo tanto se procura la experiencia. Así llegamos a hacernos preguntas sobre los artistas y los espectadores, qué es lo que hace que los artistas posmodernos produzcan el arte que producen? ¿Qué es lo que hace los espectadores gusten más unas obras que otras? ¿Cómo lo hacen? ¿De qué recursos se valen? ¿Cómo las micronarrativas se vuelven tema central en la creación y significado estético? ¿Qué nos hace desear esas obras u experiencias? Si bien desde la sociología y la sicología del arte esas son algunas buenas preguntas, éstas son las mismas preguntas que también se hace la neuroestética (Pierce y otros, 2014). Las respuestas solo se pueden alcanzar investigando, reflexionando, explorando, creando juntos, no en solitario.


Estamos en el crepúsculo del cambio. In the very begginings. Pero estamos en ese momento de cambio. La pregunta es ¿cuán alerta estamos de este momento?


Los resultados de esa discusión tenemos que traerlos a la educación. El currículo de donde venimos en escuelas públicas o privadas, o en las universidades pública o privadas está lo suficientemente fragmentado como para impedir que podamos acceder a la forma de pensamiento (Peck, 2013). Podríamos hasta coincidir que en el Renacimiento arte y ciencia eran formas de pensamiento hermanas, pero estoy segura que si hoy hacemos esa afirmación será muy difícil que coincidamos debido a la escuela/formación atomizada que recibimos. Saldrán muchos peros 'racionales' e incluso muchos que dicen 'estar abiertos', realmente en la práctica, siguen trabajando en solitario o al escuchar alguien que viene de otra facultad o disciplina miran con desconfianza o superioridad. Hasta muchos harán conferencias llamadas 'neuroeducación' pero es pura promo, no práctica. Quizás esté tocando la herida, pero hay que señalarlo por que l negocio está a vuelta de la esquina y a veces no lo reconocemos. Para realmente hacer cambio de conciencia, metanoia, hay que cobrar conciencia de los prejuicios dominan los discursos académicos y profesionales, proponer y practicar nuevas formas de lo contrario, habrá muchas conferencias con datos pero nada de cambio. Me inclino por respaldar la acción educativa con un proceso de práctica reflexiva, donde el conflicto cognitiva genere un cambio de acción, que con esperanza pueda llegar a más docentes, a más colegas, y con mucha esperanza, a nuevas generaciones.


Es preciso cobrar conciencia, y actuar, imaginar un posible. Además de ilusionarnos con el hecho de desarrollar un pensamiento completo. A pesar de todo lo que repetidamente nos dicen que no es posible.


Seguir como mentes incompletas o cambiar la mentalidad

Es la educación al servicio del empleo y no del ser humano lo que nos dio mentes incompletas (Roche, 2018), que produce seres incompletos que aparentan ser según lo que consumen.

¡Cuánto podríamos avanzar si cambiamos este sistema educativo donde no hay conocimiento sino fragmentos de premisas a examinar!


¿Repetiremos como oximorones el fracaso del currículo estandarizado de la modernidad que nos programa a pensar que no podemos? Y... ¿si lo soltamos? ¿cuán desarrollados podríamos ser? Si fuéramos capaces de cruzar las barreras, los prejuicios, o como decimos en Puerto Rico, el guille de creernos mejor en su disciplina, si nos uniéramos en las prácticas del arte y la ciencia… ¡Cuán empáticos seríamos si comprendiéramos las formas de pensamiento del otro!!

Te dejo esta semilla por aquí. Y espero que podamos hacerlos cambios que necesitamos hacer. Como le dijo Miguel Bosé a Laura Pausini: "Las cosas, antes que sucedan, hay que soñarlas."


¡Cómo cambiaría el currículo si integramos una enseñanza abierta no compartamentalizada en arte, ciencia y sociedad!! Podría citar a MAxine Greene la imaginación que nos ha sido robada, para activarla en la imaginar un cambio social pero creo que me entenderán mejor si cito al jugador de football mejicano, Chicharito: “¡Imaginémonos cosas chingonas!! ¿Por qué no?" Y ganaron, cambiaron la historia, pero primero, lo imaginaron con ganas e ilusión; con emociones.


Todos tenemos la capacidad, creer que es posible y empezar.


Grisselle Soto Vélez es Directora del Departamento de Educación del Arte y profesora de Educación del Arte en la Escuela de Artes Plásticas y Diseño, artista y consultora educativa. Fue directora del Programa de Bellas Artes del Departamento de Educación en Puerto Rico haciendo una gran obra de desarrollo profesional y curricular. Ha sido directora de proyectos y consultora educativa integrando las artes a distintos ámbitos académicos y comunitarios. Graduada de la Universidad Nacional Autónoma de México. Puedes visitar y compartir su blog en Neuroestetika.com.


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Referencias

Greene, M. (2005). Liberar la Imaginación, Ensayos sobre educación, arte y cambio social. (1th ed.). Barcelona: Editorial Graó

Efland, A.D., (1990) A History of Art Education: Intellectual and Social Currents in Teaching the Visual Arts, Teachers College Press

Leder, H., and Nadal, M (2014). Ten years of a model of aesthetic appreciation and aesthetic judgments: the aesthetic episode–developments and challenges in empirical aesthetics. Br. J. Psychol. 105, 443–464. doi: 10.1111/bjop.12084

Nordgren, R.D., (2015) The Age of Accountability in Education: Modernist Approaches to School Reform. Journal of Research in InnovativeTeaching, 8(1), pp. 2-19

Peck, B. (2013). Postmodern Art Education: Voices and Practices of Select Secondary Teachers, University of Missouri

Pearce, M. T., Zaidel, D. W., Vartanian, O., Skov, M., Leder , H., Chartegee A., Nadal, M., (2016). Neuroaesthetics: The Cognitive Neuroscience of Aesthetic Experience, Perspectives on Psychological Science, Vol. 11(2) 265–279 DOI: 10.1177/1745691615621274

Roche, R., Farina, F. & Commins, S., (2018) Why Science need Arte? Routledge

Slattery, P. (2013). Curriculum development in the postmodern era. Teaching and learning in an age of accountability. New York: Routledge.

Tolstoy, L. 1962. “What is Art?” and Essays on Art, trans. Aylmer Maude. New York:

Hespirides.

Weibel, P. and Fruk, L. (Eds.). 2013. Molecular Aesthetics. Cambridge, MA: MIT Press.

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