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Procesamiento descendente de la información emocional



A los amantes del arte nos encanta mencionar las emociones que sentimos al ver obras de arte.

Algo tienen que son tan importantes. Como educadora me pregunto, ¿aprendemos algo acerca de esas emociones?


Las emociones más agradables hacen que nos acerquemos a esa obra para continuar sintiendo más emociones, más estimulación y más emociones que impulsan a cierto comportamiento. Ahora, sentir emociones de forma gratificante, positiva o placentera, no necesariamente implica las mejores conductas. Por ejemplo, tanto el apego del bebé como la adicción a las sustancias controladas producen placer al cerebro.


Me parece que tenemos que empezar a entender que las emociones surgen sin pedir permiso. Por lo tanto, somos nosotros los que debemos estar más alertas de ellas y conocer cómo el cerebro las genera y procesa. Sólo así, reconociéndolas y descubriéndonos en ellas podemos ejercer algún control sobre ellas. La capacidad de juzgar si son las mejores emociones ya es un proceso valorativo producto del procesamiento descendente de la información que depende de las creencias y cultura de la persona.


¿Qué órganos del cerebro influyen el procesamiento emocional descendente?


Kandel (2015) menciona cuatro órganos que juegan un papel fundamental en el procesamiento descendente de la información. La amígdala es uno. Produce las emociones primarias (miedo, orgullo, tristeza, coraje y gozo) y todo el abanico de las 301 emociones adicionales. La amígdala evalúa el contenido emocional. Otro órgano es el cuerpo estriado usa la información que le envía la corteza prefrontal (tercer órgano) y junto con la amígdala y el hipocampo (cuarto órgano) inician las conductas de aproximación o evitación. Tanto la amígdala como el cuerpo estriado establecen el tono emocional. La corteza prefrontal evalúa la recompensa o el castigo que implica tal emoción en respuesta a ese contexto.


La corteza prefrontal es la responsable de recordar y poner en prácticas las intenciones. Es la que organiza nuestras percepciones y experiencias integrando la emoción al comportamiento. Por lo que es esencial para conductas complejas, tomas de decisiones y conductas sociales.


Phineas Cage

Damasio (1995) explica la relevenacia de la corteza prefrontal en el procesamiento emocional mediante el estudio de caso de Phineas Cage (1848), un joven líder trabajador de una minera admirado por sus compañeros. Una barra de hierro atravesó su cráneo por accidente, particularmente su corteza prefrontal izquierda. Aunque Cage regresó a su trabajo en tres meses, éste ya no era el mismo. Su personalidad se vió afectada convirtiéndose en alguien informal y sin capacidad de planificar futuro. Igualmente se volvió intolerante.

Al tomar decisiones entre dos opciones no podía identificar cuál era las más adecuada (juicio). Su vida fue cuesta abajo a partir de entonces ya que no podía sostener ningún empleo ni relación afectiva.


Este estudio llevó a Damasio a concluir que las emociones, son las que motivan y complementan el control ejecutivo de la corteza prefrontal, son fundamentales para aprender y desenvolverse en la vida. Por lo que la idea de que emoción y pensamiento se oponen quedó en el pasado cartesiano de los siglos XVI al XX. El siglo XXI inicia posicionando a las emociones y por supuesto, otros neurocientíficos, a través de la neuroestética estudian, en parte, la expresión humana que mejor expresa las emociones: el arte.


La corteza prefrontal y la percepción de la belleza


Recordemos que la belleza, desde la neuroestética, es una emoción. Por lo tanto, teniendo en cuenta que las emociones se procesan en nuestro cerebro, se puede tener una idea qué sucede y qué la puede afectar a nivel del cerebro y cómo el significado la define.


Existen grupos concretos de células nerviosas que conectan con el tálamo con la corteza prefrontal y también con otros circuitos sensoriales del olfato, la vista, el oído, el gusto y el tacto. La corteza prefrontal se divide en 4 regiones según sus funciones: 2 regiones ventrales (corteza orbitofrontal), 1 dorsolateral y 1 medial. Las cuatro se conectan a la amígdala.


La corteza ventromedial u orbitofrontal


Chartegee (2013) explica el rol de la corteza orbitofrontal en la construcción de la belleza.


La región ventromedial que conecta más fuertemente con la amígdala es importante para evaluar la belleza, el placer y valorar otros atributos del objeto percibido. Ver y reaccionar a un rostro (expresiones faciales) ocurre en esta región. Esta corteza, también llamada orbitofrontal, integra emociones positivas con el juicio moral y la conducta social. Este órgano tiende a inhibir la amígdala. Por ejemplo, si ves una obra de arte que te entusiasma demasiado en la casa de alguien o en un museo, es la corteza prefrontal la que te dice “¡Cálmate que estás en público!!” Personas con problemas en esta corteza puede aprender relativamente normal, pero suelen tomar decisiones de forma impulsiva. Se dejan llevar por la emoción y no piensan las consecuencias.


La corteza dorsolateral

Influye sobre la memoria de trabajo y lleva a cabo funciones ejecutivas y cognitivas como planificar y organizar la conducta para obtener un resultado específico. Intervienen en dilemas morales impersonales. Es decir, en vez de decirle directamente al artista que su obra le resulta horrenda por que podría ser una ofensa para éste, es mejor escribir la reacción en un papel adhesivo y colocarla al lado de la obra. Junto a la corteza ventromedial ayudan a satisfacer necesidades con eficacia.


La región medial

Es fundamental para la cognición y regulación de sistema nervioso autónomo. Incluye la subregión ventral; que evalúa la emoción y la motivación. Regula presión arterial y ritmo cardiaco. Si al ver un paisaje, una obra de arte, teatro o cine y se te acelera el corazón, esta región tuvo su rol en hacerte sentir vivo. La subregión dorsal supervisa la construcción del significado, la parte descendente de funciones cognitivas como el sentido de recompensa, toma de decisiones y la empatía. Aquí también se encuentra la corteza cingulada anterior. Una lesión en esta área hace a la persona inestable emocionalmente, le dificulta solucionar conflictos, detectar errores al preveer recompensas y evita que responda de manera adecuada al contexto.


En conjunto, estas regiones articulan el funcionamiento moral y su deterioro desempeña un papel en los trastornos de la conducta social. Volviendo ala pregunta inicial, ¿podemos obtener conocimiento de nuestras emociones al ver una obra de arte? La respuesta es sí. Siempre que aprovechemos esa emoción y la reconozcamos. Es decir con la suma de información afectiva e intelectiva.


En la enseñanza

Los educadores podemos crear escenarios en los que los estudiantes puedan responder emocionalmente frente a las obras de arte. No estamos hablando de reconocer los elementos y principios del arte o aplicarlos en un trabajo creativo. Es hablar acerca de lo que sentimos, NOTAR la experiencia, algo que parece evidente pero no lo es. Al contrario, lo damos por sentado y ese es su peligro, darlo por hecho.


Estoy hablando de aprender de nuestras emociones frente a la obra de arte. Estoy proponiendo establecer un modelo de enseñanza que procure la reflexión estética. Un modelo más a tono con nuestro siglo XXI. Por supuesto, ir más allá de una primera impresión. Provocar y hacer preguntas que ayuden a los estudiantes a indagar sobre lo que sienten. ¿Qué hay en la obra que te hace sentir de determinada manera? Ayudarlos investigar para contestar preguntas sobre lo que sienten, lo que no están viendo, lo que saben y lo que no saben. Ayudarlos a repasar sobre lo primero que sintieron y pensaron y cómo esos sentimientos y pensamientos se han ido transformando durante esa investigación.


Es fundamental rescatar espacios para la reflexión y así promover cambios en la sociedad, tal como propone Maxine Greene.


Ciertamente, no estamos acostumbrados, pero es necesario destacar la necesidad de un nuevo modelo de enseñanza. Un modelo que especialmente, hace consciente como educador y hace consciente a los estudiantes de cómo su cerebro está respondiendo al arte para que reconozcan cuándo ciertos órganos están activos haciéndoles responder de x manera. Por ejemplo, de forma impulsiva la primera vez que ven algo que parece bello y cuando lo miras con atención no lo es y viceversa, algo que puede ser “feo” se convierte en algo bello cuando te cuestionas si realmente es feo o es lo que los medios te han vendido que es feo.


Conocer cómo funcionan e interactúan la corteza prefrontal con otros órganos es fundamental para ayudarnos a crear significados a través del arte y así trascender como personas y en el colectivo construyendo emociones como la belleza.


©Todos los derechos reservados.

Grisselle Soto Vélez es Directora del Departamento de Educación del Arte y profesora de Educación del Arte en la Escuela de Artes Plásticas y Diseño, artista y consultora educativa. Fue directora del Programa de Bellas Artes del Departamento de Educación en Puerto Rico haciendo una gran obra de desarrollo profesional y curricular. Ha sido directora de proyectos y consultora educativa integrando las artes a distintos ámbitos académicos y comunitarios. Evaluadora del Programa Educativo de la Fundación Educa Cortés. Graduada de la Universidad Nacional Autónoma de México. Puedes visitar y compartir su blog en Neuroestetika.com.


Referencias

Damasio, A. (1995) El error de Descartes. La emoción, la razón y el cerebro humano. Editorial Andrés Bello. España

Chaterjee, A., (2013) Aesthetic Brain. Oxford University Press. IK

Kandle , E. (2012) The Age of Insight: The Quest to Understand the Unconscious in Art, Mind, and Brain, from Vienna 1900 to the Present. Paidós, España


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